El Periódico

Asistencialismo: semejanzas y diferencias entre Argentina y Brasil

Por Marcos Mirande. En el ámbito deportivo ambos países corrieron la misma suerte. ¿Ocurre lo mismo en el aspecto económico?

Entre otros animales de peluche, en uno de los locales del centro comercial Saara, en Río de Janeiro, tienen un pulpo idéntico al famoso e infalible pronosticador del mundial de fútbol. Pero el vendedor no conoce a Paul. En los programas deportivos de la televisión brasileña tampoco hablan de él ni del fracaso del mundial que terminó. Hablan del próximo, que, como oportuno aliciente, les tocará organizar a ellos. Tras la derrota, a diferencia de los nuestros que fueron recibidos con entusiasmo, sus jugadores tuvieron que soportar la rechifla. Pero ahí terminó todo. La gente no analiza más los motivos de la temprana caída. Por lo menos en público.

Si en el ámbito deportivo corrieron la misma suerte; en lo económico; ¿a Brasil le va mejor que a la Argentina?

Por lo pronto, a la hora de comprar algo en el país vecino surge al menos una duda. Los detractores de los noventa sostienen que la convertibilidad los transformaba en ricos artificialmente en el exterior. ¿Qué dirán ahora? ¿Que el “cambio competitivo” los convierte en falsos pobres -por ejemplo- en Brasil? ¿O bien que el crecimiento “a tasas chinas” es tan irreal como el “uno a uno”? 

En lo que respecta al asistencialismo, ambos países, con gobiernos populares (¿o populistas?) que hablan de redistribución, observan incrédulos en sus territorios un crecimiento de los gastos suntuosos. ¿Acaso el lujo está ahora al alcance de sectores de menores recursos? Difícil de creer.

Según cálculos de Raúl Velloso, economista brasileño especializado en cuentas públicas, más de la mitad de la población de su país depende de pagos del Gobierno.

De acuerdo con su trabajo -comentado en una nota del diario O Globo en su edición del domingo 18 de julio- son 48,8 millones de habitantes -estrictamente hablando- los que directamente dependen de ese dinero solventado por la recaudación  impositiva y el sistema jubilatorio. Los grupos beneficiados por esa remuneración estatal incluyen a los desempleados que cobran su seguro; a los que reciben la llamada Bolsa Familia; a los empleados públicos, y, finalmente, a los jubilados, que contribuyeran durante buena parte de su vida aportando para ello.

Pero como la mayor parte del dinero va a engrosar una renta familiar, en muchos casos de grupos numerosos, en la práctica más de la mitad de la población brasileña vive del dinero estatal aportado por el resto de los ciudadanos.

Concretamente, en el presupuesto de 2009 –dice Velloso- esos pagos representan algo más de 570 mil millones de reales (más de un billón de pesos de los nuestros).

Cuando un gobierno tiene tanta gente dependiendo de él en términos de renta, eso da un poder de influencia electoral muy grande, advierte el economista, yendo al terreno político.

¿Y por casa?

El Gobierno nacional argentino recalca constantemente la importancia que para él tiene la “presencia del Estado”. En los hechos esa presencia se concretó en estatización o reestatización de empresas y de dineros privados como los de las Afjp. Desde hace algún tiempo el Estado está presente también con la distribución de la Asignación Universal por Hijo.

En cuanto a lo que ocurre en la patria chica tucumana, sería obvio mencionar la exagerada importancia que el sector público representa en su economía, ocupando el primer lugar con un 27% del PBI. Le siguen la industria, con un 18%; el comercio, con un 16%; el sector financiero, con el 14%, y el agropecuario con el nueve por ciento.

Nadie discute la urgencia de terminar con la pobreza. Pero tampoco se puede olvidar que mientras se utilicen para ello fondos que provienen de una recaudación impositiva cada vez más insostenible para la mitad de la población que la genera, el problema de la pobreza no estará solucionado, sino sólo disimulado.

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