El Periódico

Por qué Alperovich es candidato

Por Koly Bader- Director adjunto el Periódico. El análisis para explicar la candidatura del gobernador a la re reelección no puede partir solamente del carácter clientelar de su gestión y el éxito que estas políticas han tenido en los últimos años en la Argentina y en Tucumán. La explicación más bien se deduce de las causas que hacen de esta política un efectivo instrumento de la construcción y sostenimiento del poder.

Los partidos políticos son un tipo de organización derivada de los proyectos burgueses luego de caídas las monarquías y el sistema feudal. La manera en que los grupos de poder se nuclearon en parcialidades identificables al momento de la lucha electoral bajo las banderas de una determinada ideología y consecuente proyecto nacional. Entonces,  allá por los comienzos de los sistemas republicanos de gobierno, estas parcialidades representaban intereses muy concretos y gozaban de las expectativas positivas de amplios sectores poblacionales que veían en su partido la herramienta de realización de sus aspiraciones. Es decir eran organismo con precisos contenidos ideológicos y claros proyectos a su vez a la perfección diferenciados entre sí.

El desarrollo del capitalismo ha llevado a los países centrales a la promoción de economías neoliberales en toda América Latina y probablemente Argentina sea uno de los ejemplos mas claros de ejecución de estas políticas económicas que no se corresponden ya al sistema político de partidos de un capitalismo independiente. Antes bien, diluyen las diferencias de proyectos de los partidos en danza para someterlos a todos al proyecto neoliberal haciendo de ellos meros instrumentos electorales, aparatos herramienta, todos bajo el paraguas neoliberal y por tanto personeros de una misma política. Con la incorporación de los modernos métodos de los medios comunicación, su extensa masificación y transformación en aparatos de formación de imagen ligados a intereses empresarios y pactos con determinada dirigencia, la diferencia entre los “partidos políticos” de la Argentina contemporánea se reduce al mejor  o peor posicionamiento de los candidatos en la voluntad pública. Así, las candidaturas no representan proyectos o posiciones ideológicas marcadamente diferentes sino simplemente reflejan las mayores o menores posibilidades de ellos de acceder verdaderamente a la función  por su fama, prestigio o imagen. Esto es lo que explica una larga lista de ejemplos de figuras del arte y la cultura, el deporte o algún otro tipo de actividad de nota que abordaron la política por la ventana y terminaron en altas magistraturas. No importa pues la ideología sino las posibilidades de triunfo en base a su fama. Unja vez en el poder, los resortes del estado, la disponibilidad del contenido de sus arcas y el ejercicio mismo de la influencia hace de estos hombres candidatos ideales casi perennes.

El ocaso de los partidos políticos que Carlos Menem llegó a identificar como en fin de las ideologías, ha desnudado practicas que ponen en riesgo la delicada estabilidad institucional de un país sobre todo con una historia como la tiene el nuestro.

En general este fenómeno se ve enormemente ampliado n el interior del país por la clara dependencia de la política local de los dictados desde Buenos Aires. La Nación, con el manejo de los dineros del Estado, esta en condiciones de hundir o elevar candidatos según apriete o suelte el torniquete que ata los dineros a la resolución de Poder Ejecutivo Nacional.

A tal punto llegó esta descomposición de los partidos políticos como órganos de representación que Argentina tenía, después de la enorme crisis de 2001 y a pesar de la famosa consigna “que se vayan todos”, tenía, decimos más de 700 partidos políticos inscriptos en la Cámara Nacional Electoral,. 43% más que antes del 2001. Todo un récord histórico acompañado además por otros récord. Por ejemplo, el 30% de los ciudadanos estaba afiliado a algún partido político y sin embargo la participación electoral cayó en picada hasta sólo el 72% del padrón electoral. El índice más bajo desde 1928.

Esta masificación no sólo no significó mayor participación política sino todo lo contrario. Es una crisis de representación que sigue en nuestros días enormemente ampliada por la prolongación en el tiempo de las practicas políticas clintelares que tanto éxito parecen estar dando.

Cuando hace algunos años Argentina inauguró para el mundo los llamados piquetes y se popularizó el término “piquetero”, en realidad, lo que estaba sucediendo era que la sociedad civil respondía según sus posibilidades y por cierto muy creativamente al vaciamiento de la partidos políticos como sujetos de representación. Es decir, sus demandas se canalizaron por cualquier otro medio menos por las organizaciones que supuestamente debían canalizarlas en un sistema republicano. Y es que

que los intereses de los partidos políticos, sindicatos, etc. no son compatibles con lo que ellos aspiran. Las demandas de empleo, seguridad social y pública y muchas otras necesidades sociales han obligado a los actores a inventar, crear y asociar pensamiento y acción hasta constituirse en actores sin mediación para resolver estas necesidades, o por lo menos intentarlo. Un buen  ejemplo en Tucumán son los autoconvocados de la salud.

La realidad local

Como en el juego del  Ta Te Ti, el que tiene la “casita del medio” tiene más posibilidades de ganar  y eso es lo que significa estar en el gobierno. Si a eso le agregamos la suficiente habilidad para generar el descalabro institucional necesario para una cuasi permanente reelección, la incorporación del grupo familiar al más cercano grupo de poder y la clientelización de toda dirigencia que pidiera poner en riesgo la hegemonía de la iniciativa política, tenemos el combo para un seguro triunfo y hasta la oportunidad de alternancia matrimonial en el poder. Un tipo de matrimonio que no es resistido como el de personas del mismo sexo pero que puede ser sí verdaderamente dañino.

Si convenimos que la crisis de los partidos políticos atraviesa el país e incluso se agrava en el interior, la llamada oposición no tiene cómo distinguirse del oficialismo. Mucho menos en tanto la administración de Alperovich resultó la beneficiaria de una bonanza económica que le permitió exhibir obras públicas como nunca antes. A costo de un crecimiento desmedido del endeudamiento provincial que no es advertido por la población, Alperovich usó muy bien la billetera propia y la concedida por los Kirchner para consolidar el sistema clientelar.

¿Cual puede ser la verdadera diferencia visible entre el oficialismo y el conjunto de la oposición?  Más allá de las manifestaciones de crítica a medidas de administración sin ninguna garantía de que quienes ejercen la crítica no hagan lo mismo desde el poder, ninguna fuerza política manifestó claramente poseer un proyecto político realmente diferenciado. Más bien emiten señales de respuesta a la agenda impuesta por el gobierno desnudando su falta total de agenda propia. A esto hay que agregar, y no es menos importante, que aunque la tuvieran, no podría ser convenientemente comunicada por el rol de los medios de comunicación que, en la provincia al contrario de la nación, permanecen a la sombra del alperovichismo para sostener la cartera publicitaria que es su principal fuente de financiamiento. Es mas, hay medios creados al solo fin de facturar a la provincia.

El juego de la democracia pirulera

En Tucumán, los partidos que tienen personería nacional no escapan a los dictados de las políticas centralizadas. En las provincias, algunos dirigentes pierden protagonismo local encandilados por las luces de la Gran Ciudad. Las aspiraciones personales superan ampliamente a los dictados de la razón política.

Por otra parte, los partidos provinciales, ahora a riesgo de desaparecer por la nueva Ley de Partidos Políticos, tejen alianzas impensables poniendo de manifiesto la razón suprema del interés personal del dirigente por sostenerse, por sobre razones de índole ideológico o de cosmovisión política. Estos pequeños partidos están mucho más cerca de ser caracterizados como aparatos privados de ascenso por medios electorales que de verdaderos colectivos de ideas diferenciadas.

En realidad no son distintos al oficialismo. La diferencia radica en que el alperovichismo se apropió de un aparato con aparente identidad ideológica para sus propios fines facilitado no sólo por el vaciamiento estructural de las organizaciones antes representativas sino también por la concepción movimientista del peronismo que permite casi cualquier cosa en sus filas.

Al parecer la ambición es tal que hasta existen sectores tanto de izquierda como de derecha financiados por el gobierno a los fines de mantener las apariencias de un juego democrático. En verdad, como en el Don Pirulero, cada cual atiende a su juego dejando a la sociedad en la búsqueda de formas de influencia en las políticas públicas independientes de estos organismos atrofiados.

¿Excepciones?…las hay, pero electoralmente irrelevantes. En este contexto, José Alperovich es el tuerto en el país de los ciegos. La razón de ser de su reiterada candidatura aún a costas de forzar toda la estructura jurídica con la manifiesta complicidad de la Corte Suprema.

2 Comentarios por “Por qué Alperovich es candidato”

  1. boromir

    Impecable Sr. Bader; pero la última frase me resulta un mal presagio; y no sé, si mi salud pueda soportar cinco años más esta tiranía…

  2. franco

    cada vez que leo “el verdadero independiente” experimento una gran satisfacion al saber que podemos saber, por medio de él, lo que por desgracia sucede. es notable la tarea. pero es sumamente triste mirar en rededor y no saber qué hacer…

Deja un comentario

Galería de fotos